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18 de agosto de 2015

La teoría de la Tierra hueca




Esta fantástica teoría ya fue planteada en la antigüedad y tiene defensores desde el siglo XVII hasta la actualidad. También existen una serie de testimonios como el del almirante Richard Bird que escribió un libro al respecto a raiz de su increible experiencia cuando en febrero de 1947 sobrevolaba el polo norte. Ademas, sus partidarios argumentan una serie de razonamientos a favor de la teoría.

A continuación enlazo una serie de páginas y videos que aportan información detallada sobre este tema:





Vídeos







3 de febrero de 2015

Evolución de la atmósfera terrestre




¿Cómo apareció la atmósfera y como ha evolucionado hasta la actualidad? Nuestro planeta, debido a su tamaño y a su masa media no pudo retener gases ligeros como el hidrógeno y el helio, que escaparon, barridos por el viento solar. Una vez que este viento aminoró, los planetas terrestres rehicieron sus atmósferas (los que pudieron) y la Tierra, a partir de gases expulsados de sus abundantes volcanes logro fabricar una atmósfera discreta formada por dióxido de carbono, nitrógeno, vapor de agua, y dióxido de azufre con trazas de otros.

Hay que hacer notar, que se cree, que el CO2 fue más abundante en aquella atmósfera, que en la actual; se sabe que el sol, en aquella época emitía menos energía que en la actualidad (alrededor de un 30% menos), pues estaba entrando en la fase del helio, más estable y energética; el CO2, principal gas invernadero, compensaría dicha falta de calentamiento, permitiendo una temperatura templada en la superficie terrestre y la licuación del agua. Con el tiempo, y con la hidrosfera formada, los procesos geológicos externos, como la meteorización, erosión, transporte y sedimentación se asentaron sobre la superficie terrestre y el dióxido de carbono fue incorporándose a la corteza terrestre, principalmente en forma de carbonatos como consecuencia de dichos procesos; este hecho decrementó dicho gas en esta atmósfera primitiva, con lo cual debió disminuir la temperatura en superficie.

 

Pero esta primera evolución atmosférica fue seguida de otra, tal vez más importante para nosotros y gracias a la cual estamos aquí: la transformación de dicha atmósfera en oxidante, tal y como es en la actualidad.

Los primeros seres vivos, que muy probablemente fueron bacterias, aparecieron en nuestro planeta una vez que aminoró la etapa de craterización, a partir de unos 3.800 m.a. Muy pronto surgió el metabolismo autótrofo y la fotosíntesis bacteriana y aparecieron en escena las cianobacterias (antiguas algas azules) como lo demuestra la aparición muy temprana de estromatolitos fósiles, que son tapines petrificados de diferentes poblaciones bacterianas, entre las que, de manera importante se encuentran estas cianobacterias; estos estromatolitos también se forman en la actualidad; pues bien, estas bacterias y por supuesto otros tipos, ya poblaban los primitivos océanos hace 3.500 m.a. Como se sabe, la actividad fotosintética consume CO2 y desprende O2 (oxígeno) al ambiente. Los océanos comenzaron a cargarse de oxígeno y después este gas pasó a la atmósfera, de manera que hace unos 2.600 m.a. dicha envoltura ya era bastante oxidante y en torno a los 2.000 m.a., la atmósfera cercana a la superficie terrestre (homosfera) era de composición similar a la actual, es decir, con un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno y trazas de vapor de agua, gases nobles como argón y dióxido de carbono (0,03%).

 

Hay que indicar en esta evolución atmosférica algunas consecuencias notables: En primer lugar el incremento significativo de oxígeno en la atmósfera; se considera a las bacterias fotosintéticas y a las cianobacterias en particular como los primeros seres vivos que contaminaron la atmósfera de forma importante, produciendo un verdadero cataclismo ambiental: la atmósfera oxigenada. El oxígeno es un gas muy reactivo y para las primitivas bacterias debió resultar venenoso, provocando una de las primeras extinciones masivas de seres vivos sobre la Tierra. Pero los seres vivos, en especial los bacterianos, son persistentes y se adaptan con el tiempo a las nuevas situaciones ambientales; así es que pronto aparecieron bacterias resistentes a este gas letal, las bacterias que actualmente llamamos aerobias: la evolución inventó unas enzimas capaces de neutralizar el oxígeno; este se utilizó en oxidar moléculas mas o menos complejas para liberar la energía que contenían y esta energía fue aprovechada por la propia bacteria para sus necesidades vitales, dejando como residuos metabólicos ambientales, dióxido de carbono y agua. Se inventó la respiración aerobia, muy rentable energéticamente hablando, y que actualmente han adoptado la gran mayoría de los seres vivos; somos seres vivos adaptados a vivir en un ambiente oxigenado.

El surgimiento de estas bacterias aerobias fue una jugada maestra de la evolución: por un lado se consigue neutralizar al oxígeno, que ya no resulta venenoso y por otro lado se utiliza en beneficio de las nuevas bacterias, disponiendo estas de una mayor cantidad de energía para sus actividades vitales; además, el dióxido de carbono expulsado como desecho metabólico al ambiente se podía utilizar para el proceso fotosintético.

Pero hay más; a medida que se iba incrementando el oxígeno en la atmósfera, éste fue formando una capa de ozono (oxígeno triatómico) en las capas altas atmosféricas (estratosfera). Este hecho trajo consecuencias muy favorables para el desarrollo de la vida sobre la Tierra: Los rayos solares llegan a la superficie terrestre y no todos tienen la misma frecuencia o longitud de onda. Los de alta frecuencia y corta longitud de onda son más penetrantes y suelen ser más peligrosos; esto sucede con los rayos ultravioleta de onda corta que llegan con bastante facilidad y abundancia a la Tierra y que dañan las estructuras vivas como el ADN; pues bien, la capa de ozono actúa como un filtro y no deja pasar a este tipo de rayos UV de onda corta hacia nuestra superficie; hasta entonces, las bacterias tuvieron que vivir protegidas de estas radiaciones, en los océanos o bajo tierra; con la aparición de esta capa de ozono las bacterias primero y los seres no bacterianos después pudieron colonizar la tierra firme, el ambiente terrestre y así llegar a la situación actual en la que la vida se ha extendido por toda la superficie de nuestro planeta.

Este ambiente oxigenado, además propició la aparición de las células no bacterianas (eucariotas) modernas, de las cuales está hechos todos los seres pluricelulares que hay sobre la Tierra, como los hongos, los vegetales y los animales, incluidos nosotros. Según la hipótesis endosimbiótica, hoy en día aceptada y probada, nuestras células surgieron de la asociación entre células precursoras eucariotas (quizá arquibacterias) y bacterias aerobias, las cuales, se transformaron en mitocondrias y bacterias fotosintéticas que se transformaron en cloroplastos (esto último, en los vegetales); de esta manera la nueva célula eucariota era más eficiente, ya que podía respirar el oxígeno, consiguiendo un alto rendimiento energético. Estos nuevos seres debieron surgir probablemente entre 2.000 y 1.500 m.a. y muchos de ellos, al igual que las bacterias, colonizaron el medio terrestre.


4 de mayo de 2010

Las extinciones, catástrofes de la biosfera



Ha llegado el momento de escribir sobre estos sucesos que, de forma repetida y con frecuencia impredecible, han sacudido a los seres vivos desde que aparecieron sobre el planeta.
Las extinciones se producen en épocas en las que hay una mortandad más o menos brusca en todos o en una buena parte de los tipos de vida de la época, y en las que, los ecosistemas son completamente reestructurados y aparecen formas de vida más o menos novedosas, adaptadas a las nuevas situaciones ambientales, ya que cambios ambientales más o menos bruscos, provocan tales crisis biológicas.

Se han registrado varias extinciones a lo largo de la historia de los seres vivos: durante la era proterozoica, hubo al menos una extinción, de vida microbiana, la producida como consecuencia del aumento de oxígeno en el ambiente debido a la actividad fotosintética; los nuevos microorganismos surgieron con importantes adaptaciones bioquímicas a los nuevos ambientes oxigenados. Hay que hacer notar que las bacterias, por su abundancia, rapidez de reproducción y versatilidad, son muchos más resistentes a los cambios ambientales que los seres vivos complejos y pluricelulares, más diversificados y especializados con respecto a los medios ambientales existentes, y por eso, las extinciones, se refieren, en especial, a estos últimos, ya que tienen una fragilidad evolutiva mayor.

Durante la era paleozoica se produjeron tres extinciones: una, a comienzos del Silúrico (440 m.a.), otra a finales del Devónico (367 m.a.) y otra, la de más envergadura, a finales del Pérmico (245 m.a.), en la transición a la era mesozoica.
Hubo otra extinción importante, en la que desaparecieron los dinosaurios, a finales del Cretácico (65 m.a.) y actualmente, el hombre está provocando otra extinción de seres vivos, y ¿quien sabe? si de su propia especie… Pero de esto hablaré más adelante.

La vida máxima de una especie es, normalmente, de unos 10 m.a. (en los mamíferos de unos 3-5 m.a.) y después desaparecen para dar paso a nuevas especies; pero la intensidad de estas “extinciones normales o de fondo” de especies es baja y gradual a lo largo del tiempo; es en estas épocas de catástrofe cuando se supera claramente esta intensidad en la desaparición de especies, debido a acontecimientos ambientales más bruscos e intensos de lo normal.
Hay que considerar a las extinciones como fuerzas modeladoras de la vida, como sucesos que modulan la evolución, al igual que lo hace la selección natural darwiniana.

¿Qué sucesos han provocado las principales extinciones masivas? Son sucesos de variado tipo pero todos ellos han provocado cambios ambientales intensos y acelerados que han desencadenado estas crisis biológicas.

La mayor extinción sucedida hasta la fecha, la extinción permo-triásica, provocó una desaparición de más del 90% de las especies oceánicas y más del 70% de las familias de vertebrados terrestres. No están claras sus causas; se han propuesto varias: 1.- un cambio climático (enfriamiento) debido al la glaciación permo-carbonífera y desertización de la pangea. 2.- Una anoxia debida a la oxidación masiva de cadáveres de seres vivos muertos al retirarse los mares de las plataformas continentales (regresiones marinas) 3.- emisiones masivas de productos volcánicos a finales del Pérmico, en Siberia y China que cambiaron el clima. 4.- El impacto de un asteroide, con la consiguiente saturación atmosférica de polvo, oscurecimiento y falta de luz, parada de los procesos fotosintéticos, etc., tal y como, parece ser ocurrió en la extinción de finales del Cretácico.
Cada una de estas causas tienen sus inconvenientes y es probable que esta extinción sea un acontecimiento complejo provocado por varios factores, aunque quizá el impacto del asteroide, como ocurrió en la siguiente extinción, haya sido determinante; lo que ocurre, es que en este caso, no ha sido suficientemente probado que haya ocurrido tal impacto.

La extinción más famosa, aunque no la de mayor envergadura, ha sido la cretácico-terciaria (65 m.a.) que produjo un relevo importante de flora y sobre todo de fauna, tanto oceánica como terrestre. Entre los animales marinos se extinguieron los amonites y los belemnites y entre los terrestres, es famosa la extinción de los dinosaurios, lo que dio la oportunidad a los pequeños mamíferos que convivían con ellos y que sobrevivieron, para ocupar los hábitats y nichos ecológicos que los grandes reptiles dejaron y experimentar una exitosa irradiación evolutiva en el terciario.
¿A que se debió esta extinción? En la década de los 70, el geólogo Walter Álvarez y su padre Luis demostraron que la causa fue el impacto de un gran asteroide, al encontrar concentraciones muy elevadas de iridio en los estratos arcillosos que señalan el tránsito entre las dos eras; este elemento es muy escaso en la corteza terrestre y mucho más frecuente en los meteoritos, lo que prueba este impacto; posteriormente, se encontró sepultado, el cráter producido por dicho impacto, de 50 km de profundidad y 180 km de diámetro en Chicxulub, localidad del Golfo de México; se calculó que el asteroide debió tener unos 10 km de diámetro.
Las consecuencias debieron ser catastróficas: El proyectil, inyectó en la atmósfera miles de millones de toneladas de material suyo y de la corteza terrestre en forma de polvo, cenizas y vapor; produjo una enorme ola de 1 km de altura (tsunami) que inundó gran parte de Norteamérica. El polvo, hollín y humo, enturbiaron la atmósfera, ocultando la luz del sol durante meses, incluso años, y desencadenaron el descenso de temperatura que congeló buena parte del planeta; después, la gran cantidad de CO2 producido e inyectado a la atmósfera, provocó un incremento considerable de las temperaturas y los correspondientes incendios… Estos fuertes contrastes térmicos, junto con el oscurecimiento, colapsaron la mayor parte de los ecosistemas del planeta; murieron los vegetales (productores del ecosistema) y también los animales (consumidores: fitófagos y zoófagos). También, la gran cantidad de azufre liberado provocó intensas lluvias ácidas para rematar la ya gravemente herida Tierra. Perecieron las tres cuartas partes de las especies existentes, incluyendo los dinosaurios, como antes he indicado y tuvieron que transcurrir más de 10 m.a. para que los ecosistemas volvieran a regenerarse.


3 de octubre de 2008

Las glaciaciones



Si analizamos los datos paleoclimáticos (climas antiguos del planeta), se puede establecer un “clima normal” de la Tierra en el que no hay glaciares a nivel del mar; son épocas cálidas en las que los hielos son poco frecuentes y que han acaecido a lo largo de cerca del 90% de su historia; en el resto del tiempo, nuestro planeta ha sufrido las llamadas glaciaciones, épocas frías, en donde los hielos, en forma de glaciares han invadido grandes masas continentales. Estas glaciaciones se han hecho más frecuentes a medida que nos acercamos a la edad actual, lo cual invita a pensar que tienen algo que ver con el progresivo enfriamiento de nuestro planeta.

Las glaciaciones, en especial la última (es, lógicamente, la que mejor se conoce) están divididas en periodos glaciares (máximo frío, el hielo avanza) e interglaciares (el hielo retrocede). Actualmente estamos en un periodo interglaciar de una glaciación, la última, llamada cuaternaria, que empezó hace 15 m.a. Se ha comprobado que una glaciación dura varias decenas de millones de años, mientras que los periodos glaciares tienen una duración de unos cien mil años, separados de cortos periodos interglaciares de unos 15 mil años (en la actualidad, nuestro periodo interglaciar debe estar tocando su fin). ¿Vendrá un nuevo periodo glaciar? Es probable que si, pues la glaciación no ha terminado ni mucho menos…
La distribución de los continentes en el globo terráqueo parece que es la causa principal, de el advenimiento de estas épocas frías; unas veces por situarse cerca del ecuador, con las consecuencias antes indicadas y otras por situarse grandes masas continentales cerca de los polos (caso de la última glaciación) con el consiguiente enfriamiento mas rápido; además la formación de cordilleras montañosas en épocas de orogenia, favorecería el establecimiento de glaciaciones: las cordilleras, no solo elevarían la altitud continental, con el consiguiente enfriamiento de los continentes, sino que también podrían alterar la circulación de corrientes oceánicas al cerrar estrechos o brazos marinos; en definitiva, el devenir o deriva continental altera no solo la evolución y distribución de los seres vivos sino que también provoca cambios en el clima, favoreciendo en determinadas circunstancias, el advenimiento de glaciaciones.
En cuanto a las causas de los periodos glaciares e interglaciares, bien datados en nuestra glaciación, parece ser, como ha comprobado el astrónomo Milankovitch, son las variaciones orbitales de la Tierra (variaciones en la inclinación y cabeceo del eje de giro y en la excentricidad de la eclíptica)

9 de julio de 2008

La tectónica de placas, consecuencia de un planeta caliente



La Tierra tiene en su interior una considerable energía interna, que procede, en gran parte, de la energía gravitacional, al originarse el planeta y por otro lado de la derivada de los procesos radiactivos; esta energía (calor interno) mantiene al planeta en actividad geológica (es un planeta geológicamente vivo) y por lo tanto, su núcleo, su manto y su corteza están en continuo dinamismo. Analicemos dicho dinamismo.

La Tierra puede compararse a un motor cuyo combustible es esta energía interna.Todo el interior del planeta está en movimiento. Tanto el núcleo metálico (especialmente el núcleo externo fundido) como el manto, están en convección: las zonas más calientes se expanden, pierden densidad y suben; luego se enfrían, vuelven a hacerse densas y descienden; se establecen, así, las llamadas células convectivas; las altísimas presiones del interior del planeta facilitan el movimiento de este material, en principio sólido, en gran parte. Este flujo del material en convección, se transmite a la capa superficial del planeta y la rompe. Esta capa es la litosfera, capa sólida, rígida, y fría de unos 100 km de grosor, que comprende la corteza terrestre y una parte rígida y superficial del manto superior de la Tierra. Al fragmentarse esta capa se forman las placas litosféricas que se acoplan entre si como las piezas de un mosaico o puzzle;
Estas placas han ido variando en número, tamaño y forma a lo largo de la historia de nuestro planeta y pueden ser continentales, oceánicas o mixtas. Actualmente, hay siete grandes placas y alguna más de menor tamaño. Es en los bordes o márgenes de las placas donde se produce la mayor actividad geológica interna, como consecuencia de los movimientos convectivos del material del manto que, desde el interior, inciden sobre la litosfera y la rompen, por estos bordes de placa;
Se establecen, dos tipos de interacciones fundamentales entre las placas, en sus bordes:
1.- Alejamiento entre dos placas. Sucede como consecuencia de la salida de material fundido del manto a la superficie a través de las llamadas dorsales oceánicas, que a modo de cordilleras montañosas volcánicas sumergidas recorren los océanos como costuras de balón; este material emergente se solidifica y da lugar a suelo oceánico basáltico; de esta forma se crea litosfera oceánica y los océanos se extienden y crecen (expansión del suelo oceánico); se ha comprobado que los océanos actuales son estructuras geológicas jóvenes (no más allá de 200 millones de años de antigüedad en comparación con los 3.500 m.a. de los núcleos continentales más antiguos) y en continua renovación.
2.- Acercamiento entre dos placas. Cuando la biosfera oceánica se enfría, se densifica y tiende a hundirse en el manto; aparecen las zonas de subducción, en las cuales, dicha litosfera se hunde en el manto (subducciona) con una determinada inclinación, por debajo de otra placa que puede ser con borde continental u oceánico; de esta manera los suelos oceánicos (océanos) se destruyen en dichas zonas y se compensa su fabricación en las dorsales; por eso se están renovando continuamente; son como cintas transportadoras que por un lado salen (dorsales) y por otro entran (zonas de subducción); este movimiento en la horizontal de los océanos tira de los continentes y estos también se mueven en la horizontal (deriva de los continentes).
Las placas litosféricas son como grandes balsas interconectadas en movimiento sobre las que cabalgan los continentes, los cuales se alejan entre si, se acercan, incluso chocan y se forman supercontinentes que a veces son únicos en la Tierra y se llaman pangeas. Cuando la subducción del suelo oceánico se agota y el océano desaparece, el continente que viene detrás choca con la otra placa; si esta tiene un continente en su borde se produce el llamado choque o colisión continental y como consecuencia se construyen abruptas cordilleras montañosas: Tenemos un ejemplo reciente: la construcción del Himalaya como consecuencia del choque entre la India y Eurasia desde hace unos 65 m.a. En zonas de subducción también se construyen cordilleras montañosas u orógenos, debido a esta subducción; pero éstas son menos abruptas y flanquean zonas continentales como por ejemplo los Andes y las Montañas Rocosas.
Cuando en el planeta, hay una activa construcción de cordilleras como consecuencia de una mayor actividad geológica interna en un lapso de tiempo determinado o debido a un a etapa de deriva continental activa, después de la fragmentación de una pangea, decimos que estamos en un periodo geológico de orogenia (construcción de montañas), la cual puede durar varias decenas de m.a. Las dos orogenias más recientes han sido la herciniana (en el Carbonífero) que ha dado lugar, entre otras cordilleras, a los Apalaches y Urales, y la alpina (a partir del Triásico), la más reciente, que ha originado, las cordilleras actuales más representativas, como los Alpes, los Andes, las Montañas Rocosas y el Himalaya, las cuales son, como es lógico, las más jóvenes, abruptas y menos erosionadas del planeta.
Además de estos dos tipos de interacciones en los bordes de placa, también hay zonas geológicamente activas en el interior de las placas: son los puntos calientes, que pueden afectar al interior de continentes o al interior de océanos; son consecuencia del ascenso de columnas de material a alta temperatura, procedentes de la base del manto (plumas o penachos convectivos). Cuando este material llega cerca de la superficie, debido al descenso de presión, se funde y provoca vulcanismo; Ejemplos actuales son las islas Hawai en el océano Pacífico y la meseta basáltica del Decán (India) en el continente eurasiático.
Como se puede suponer, como consecuencia de las enormes tensiones que se producen por la fricción de las placas en sus bordes, en especial en las zonas de subducción y de choque continental, se producen todo tipo de manifestaciones geológicas endógenas en estos bordes, tales como terremotos, volcanes, construcción de rocas magmáticas de todo tipo y metamórficas, deformación de los materiales corticales (pliegues y fallas), formación de erógenos o cordilleras montañosas, islas y archipiélagos volcánicos (Japón, Filipinas)….De esta forma, los bordes de placa son las zonas con mayor actividad geológica del planeta y esto lo sufren las poblaciones humanas que viven en dichas zonas, pues son castigadas por terremotos y erupciones 
 volcánicas.

8 de mayo de 2008

La Tierra, peligro de impacto



En la nada tranquila historia del sistema solar, los impactos cósmicos han sido bastante frecuentes: El nacimientos de los planetas se debió a impactos de planetesimales y planetoides; después los planetas sufrieron un intenso proceso de craterización como lo demuestra la gran cantidad de cráteres que existen en los planetas terrestres con escasas atmósferas; la Luna, nuestro satélite se formó como consecuencia del choque de un planeta del tamaño de Marte con la Tierra en sus comienzos, hace unos 4 mil m.a..; y después y hasta la actualidad, nuestro planeta, como los demás, ha sido agredida por asteroides de muy diversos tamaños; algunos de ellos han provocado extinciones biológicas de mayor o menor cuantía, o al menos han contribuido a ello, como el asteroide que acabó con los dinosaurios hace 65 m.a.

Como acabo de indicar, nuestro planeta, como cuerpo cósmico que es, enmarcado en el sistema solar, está sujeto a las acciones del ambiente exterior, como nebulosas, explosión de supernovas… y sobre todo, a los impactos de cuerpos, de tipo asteroidal principalmente, de muy diversos tamaños; veamos:

La Tierra recibe un bombardeo continuo de polvo meteórico. Cada día penetran en nuestra atmósfera a alta velocidad unas 100 toneladas de material meteorítico que se deposita lenta e imperceptiblemente sobre nuestro planeta.
Sobre la Tierra se han identificado la huella de unos 150 cráteres de impacto; hay que tener en cuenta que la atmósfera y la erosión habrán borrado muchos más de los encontrados. El cráter más grande que conocemos es precisamente el cráter producido por el meteorito que acabó con los dinosaurios, que cayó en Chicxulub (México); tiene unos 180 km de diámetro y una profundidad cercana a los 50 km; el meteorito en cuestión, debió tener unos 10 km de diámetro.
La atmósfera terrestre nos protege de multitud de pequeños proyectiles, del tamaño de granos de arena o de pequeñas piedras, miles de los cuales caen sobre nuestro planeta diariamente. Al quemarse en la atmósfera forman las conocidas estrellas fugaces. Los meteoritos rocosos de hasta algunas decenas de metros de diámetro se destruyen en la atmósfera al estallar debido al gran calor de fricción, lo cual es una suerte para nosotros.

Pero la atmósfera terrestre no frena los objetos más grandes y estos pueden causar un daño considerable si chocan contra la superficie; por suerte, son objetos poco comunes. La energía liberada en el impacto es muy considerable; por ejemplo, el impacto de de un objeto de 35 metros de diámetro libera una energía equivalente a la de una bomba nuclear de varios megatones (la bomba nuclear lanzada en Hiroshima, liberó solo 15.000 toneladas de TNT; para reunir un megatón se necesitarían 65 bombas como esta); esto nos da una idea de la potencia de tales impactos.

Se puede calcular la frecuencia con que suceden los impactos en la Tierra. Un objeto de 10 m de diámetro, que genera la décima parte de un megatón de energía, ocurre de promedio cada 10 años; suele explotar en la atmósfera, por lo que apenas es nocivo. Un objeto de 1 km de diámetro, que libera unos 100 mil megatones, impacta cada 100 mil años. Los objetos de 10 km de diámetro, como el de Chicxulub, nos impactan cada 100 millones de años. Son los objetos de 1 km, antes citados, los más peligrosos para nosotros, por su relativa abundancia y su frecuencia de impacto.

¿Cómo evitar tales objetos? Si se detectan con la suficiente antelación, podrían ser desviados o destruidos por una bomba nuclear de varios megatones, aunque no se garantiza un éxito al 100%.

11 de abril de 2008

El magnetismo terrestre



El hecho de que la Tierra presente un núcleo metálico compuesto en un 95% de hierro, ha provocado que este planeta tenga un potente campo magnético; nuestro planeta es el único planeta interior que presenta un campo magnético de consideración, equivalente al de los planetas exteriores; esto se debe a tres factores: 1.- un núcleo interno sólido de hierro metálico, conductor de la electricidad. 2.- una fuente importante de calor interno (el calor de formación terrestre), que fluidifica el hierro en el núcleo 3.- una rotación terrestre relativamente rápida que hace que los remolinos convectivos tengan el mismo sentido.
Este campo magnético ha sufrido variaciones en su intensidad a lo largo de la historia de la Tierra: su máximo se alcanzó entre los 2.700 y 2.500 m.a. y se ha comprobado que las grandes variaciones en la intensidad coinciden con el tránsito entre grandes etapas terrestres (arcaico – proterozoico: 2.500 ma. Y proterozoico – fanerozoico: 600 ma.). Se ha intentado buscar una relación entre estas variaciones del campo magnético y la actividad geológica en la corteza terrestre que determina en gran medida la separación de los grandes periodos de tiempo (eones, eras) en que dividimos la historia de nuestro planeta; parece ser que cambios más o menos bruscos en la cantidad de energía calorífica del interior terrestre (la tierra tiende a enfriarse) alterarían las corrientes convectivas del núcleo externo y a su vez éstas, modificarían las corrientes de materiales del manto, cuya convección mueve las placas litosféricas y provocarían periodos de mayor o menor intensidad en la geología de la tectónica de placas.
De todas formas, este potente campo magnético terrestre, no solamente es el motor indirecto del dinamismo de la litosfera terrestre y provoca los procesos geológicos internos de la tectónica de placas, que determinan la evolución de los seres vivos sino que también crea alrededor de la Tierra, un escudo magnético, la magnetosfera, que a modo de paraguas magnético, desvía partículas solares y cósmicas cargadas que podrían erosionar la atmósfera terrestre y quizás dañar a los seres vivos.